Presentación

“Narrar historias siempre ha sido el arte de seguir contándolas, y este arte se pierde si ya no hay capacidad de retenerlas. Y se pierde porque ya no se teje, no se hila mientras se les presta oído”

Walter Benjamin.

Presentación

Walter Benjamin nos llama la atención con una imagen contundente, a propósito de la desaparición de nuestra facultad para intercambiar experiencias: “¿No se notó acaso que la gente volvía enmudecida del campo de batalla? En lugar de retornar más ricos en experiencias comunicables, volvían empobrecidos.”  Nos referimos a las guerras en el mundo como acontecimientos brutales que se pueden explicar históricamente. Leemos informes en los periódicos, miramos fijamente las pantallas de televisión y damos por terminado el recuento. Pasamos a otro tema. El mundo se ha convertido en una referencia cuantificable. La información nos atraviesa, como si estuviéramos hechos de aire. Pasa de largo, porque no hay red que la atrape. La corriente del olvido arrastra casi todo a un estanque oscuro. Al silencio.

“Die Welt ist fort, ich muß dich tragen / El mundo se ha ido. Yo tengo que llevarte” Paul Celan.

La memoria vive en el tiempo, y a ella accedemos sin el afán de lo actual; volvemos sobre la experiencia como buscando nuestras huellas sobre esa playa kilométrica que es nuestra vida. Algo distinto ocurre con el trauma: la evocación indeseable. Este ejercicio terapeútico nos aleja del arte de narrar; la sesión psiquiátrica es un recuento puntual y algorítmico de acontecimientos. Por lo general, una vez que éstos logran ser “aclarados”, se descartan o se archivan bajo llave. De ellos se extrae lo que da cuenta del problema que se quiere enfrentar. Aquí encontramos una familiaridad con el relato histórico, donde son señalados hechos puntuales y coyunturas; se citan nombres y lugares, con un afán de precisión. Los acontecimientos se explican, para poder seguir adelante. En la narración, los rastros, las impresiones, las lecturas, las voces, van tejiendo una red que sobrevive al paso del tiempo. Resiste el embate de huracanes y tormentas atómicas. Esto es lo que nos ocupa en este taller. Queremos conocer la huella del mundo, la que nosotros dejamos, tal vez sin proponérnoslo. Las explicaciones acerca de lo que pasa están en un plano informativo. A veces nos cuesta verlas con nitidez pero, están ahí, mientras que las marcas de la experiencia del mundo, las historias personales, las historias laborales, las historias urbanas, las fotografías, los sonidos, van quedando esparcidos, llegando a lugares remotos, escapando de nuestra atención.

Con la digitalización de la información y el avance de los dispositivos tecnológicos que hacen posible el almacenamiento (casi ilimitado) de datos, algunos aspectos a propósito de la relación de los individuos con la memoria merecen ser revisados. Parece pues que no hay, en el fondo, pretextos para seguir mirando las cosas de la misma manera. Las palabras, los recuerdos, las imágenes, ya no son llevadas por el viento del olvido. Las huellas de nuestro paso por este mundo, archivadas, indexadas en servidores, siguen intactas, nítidas.  Hagámonos entonces algunas preguntas: ¿Qué hacemos con todo eso? ¿Cómo nos diferencia esto realmente de nuestros padres y nuestros abuelos? ¿Por qué tenemos la sensación de que las cosas desaparecen más rápido que nunca?.

Para reflexionar sobre estas preguntas, queremos que los participantes del taller construyan una narración a partir de su experiencia en la red. Desde sus primeros pasos- tímidos y dificultosos- por las primeras páginas que  conocieron, hasta la convivencia/participación en las redes sociales hoy día. En este último aspecto nos detendremos, dada la lógica de intercambio de mensajes e información y de generación de contenido propio. Pensamos en un relato libre. Cada participante decidirá cómo lo presenta.

Lo que pretendemos plantear, en resumen, no se centrará en el análisis psicológico de las muestras. Esto podemos dejárselo al discurso informativo; como bien lo dice Walter Benjamin en su ensayo “El narrador”, la diferencia fundamental entre lo narrado y lo informado reside en la lógica explicativa de esto último. La noticia debe mostrarse tangible y “real”, mientras que la narración se mantiene viva en la memoria de la gente en tanto prescinde de las explicaciones inmediatas. El narrador y los oyentes podrán volver una y otra vez sobre las huellas del relato, buscando significados, creando otros nuevos, hilando experiencias, anécdotas, leyendas, imágenes. Esta reflexión va más allá del enfrentamiento entre noticia actual y relato; es decir, la información inmediata sobre los hechos tiende a pasar sobre la atención de los espectadores como un fenómeno natural. Como un terremoto. Pero a su paso quedan esparcidas las historias, buscando la concatenación. Este es el acto paciente y elaborado que nos interesa. Aparecerán explicaciones, sí, con seguridad, pero no serán aquello que determine la calidad o la pertinencia de un relato. Recojamos las huellas y tejamos sobre la red.

La idea es descubrir la presencia (la reflexión, la comprensión) de una experiencia de vida (las tragedias y las alegrías de un país o de una ciudad), en las manifestaciones cotidianas que hacemos en la red.

Miguel Tejada- María Juliana Soto

*Duración estimada: 3 horas.

*Cupo: 20 personas.

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